sábado, 5 de noviembre de 2011

Leonora Carrington


La debutante 

En la época que fui debutante, solía ir a menudo al parque zoológico. Iba tan a menudo que conocía más a los animales que a las chicas de mi edad. Era porque quería huir del mundo, por lo que me hallaba a diario en el zoológico. El animal que mejor llegué a conocer fue una hiena joven. Ella me conocía a mí también. Era muy inteligente. Le enseñé a hablar francés y a cambio ella me enseñó su lenguaje. Así pasamos muchas horas agradables.
Mi madre había organizado un baile en mi honor para el primero de mayo. ¡Lo qué sufrí durante noches enteras! Siempre he aborrecido los bailes; sobre todo los que se daban en mi honor.
La mañana del uno de mayo de 1934, fui muy temprano a visitar a la hiena.
-¡Qué asco! -le dije-. Esta noche me toca asistir a mi baile.
-Tienes suerte -dijo ella-; a mí me encantaría ir. No sé bailar, pero en cambio sabría mantener una conversación.
-Habrá muchas cosas de comer -dije-. He visto llegar a casa carros repletos de comida.
-Y aún te quejas -replicó la hiena con desaliento-. Mírame a mí: yo sólo como una vez al día, y me tienen jeringada con tanta bazofia.
Se me ocurrió una idea audaz; estuve a punto de echarme a reír.
-No tienes más que ir en mi lugar.
-No nos parecemos lo bastante; si no, con gusto iría -dijo la hiena un poco triste.
--Escucha -dije-, con las luces de la noche no se ve muy bien. Con que te disfraces un poco, nadie se fijará en ti en medio de la multitud. Además, tenemos casi la misma estatura. Eres mi única amiga; anda, hazlo por mí. Por favor.
Se puso a pensar en esta posibilidad. Comprendí que estaba deseosa de aceptar.
-De acuerdo -dijo de repente.
No había muchos guardianes cerca, dado lo temprano de la hora. Abrí rápidamente la jaula, y en un instante estuvimos en la calle. Llamé un taxi. En casa, todo el mundo estaba aún en la cama. Una vez en mi cuarto, saqué el vestido que debía ponerme por la noche. Era un poco largo, y la hiena andaba con dificultad con mis zapatos de tacón alto. Encontré unos guantes con que ocultarle las manos, demasiado peludas para parecerse a las mías. Cuando el sol iluminó mi habitación, la hiena dio varias vueltas alrededor, andando más o menos derecha. Estábamos tan ocupadas que mi madre, que entró a darme los buenos días, estuvo a punto de abrir la puerta antes de que la hiena se escondiera debajo de la cama.
-Esta habitación huele mal -dijo mi madre, abriendo la ventana-; antes de esta noche date un baño con mis nuevas sales.
-Por supuesto -le dije.
No se entretuvo mucho. Creo que el olor era demasiado fuerte para ella.
-No te retrases para el desayuno -dijo al irse.
Lo más difícil fue encontrar un disfraz para la cara de la hiena. Estuvimos buscando horas y horas: rechazaba todas mis sugerencias. Por fin dijo:
-Creo que he encontrado la solución. ¿Tenéis criada?
-Sí -dije, perpleja.
-Pues verás: vas a llamar a la criada; cuanto entre, nos lanzamos sobre ella y le arrancamos la cara; llevaré su cara esta noche en lugar de la mía.
-No lo veo muy práctico -dije yo-. Probablemente se morirá en cuanto pierda la cara: alguien encontrará su cadáver, y nos meterán en la cárcel.
-Tengo la suficiente hambre como para comérmela -replicó la hiena.
-¿Y los huesos?
-También -dijo-. ¿Te parece bien?
-Sólo si me prometes matarla antes de arrancarle la cara. Si no, le va a doler demasiado.
-Bueno, eso me da igual.
Llamé a Marie, la criada, no sin cierto nerviosismo. Desde luego, no lo habría hecho si no odiara tanto los bailes. Cuando entró Marie, me volví de cara a la pared para no verlo. Debo reconocer que no tardó nada. Un breve grito, y se acabó. Mientras la hiena comía, estuve mirando por la ventana. Unos minutos después, dijo.
-Ya no puedo más; aún me quedan los pies, pero si tienes una bolsa, me los comeré más tarde, a lo largo del día.
-En el armario encontrarás una bolsa bordada con flores de lis. Saca los pañuelos que tiene y quédatela.
Hizo lo que le había indicado. A continuación, dijo:
-Date la vuelta ahora y mira qué guapa estoy.
Delante del espejo, la hiena se admiraba con el rostro de Marie. Se lo había comido todo cuidadosamente hasta el borde de la cara, de forma que quedaba justo lo que le hacía falta.
-Es verdad -dije-; lo has hecho muy bien.
Hacia el atardecer, cuando la hiena estuvo completamente vestida, declaró:
-Me siento en plena forma. Me da la impresión de que voy a tener un gran éxito esta noche.
Después de oír un rato la música de abajo, le dije:
-Ve ahora, y recuerda que no debes ponerte junto a mi madre: seguramente se daría cuenta de que no soy yo. Aparte de ella, no conozco a nadie. Buena suerte -le di un beso para despedirla, aunque exhalaba un olor muy fuerte.
Se había hecho de noche. Cansada por las emociones del día, cogí un libro y me senté junto a la ventana, entregándome a al paz y el descanso. Recuerdo que estaba leyendo Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Al cabo de una hora, quizá, surgió el primer signo de inquietud. Un murciélago entró por la ventana profiriendo grititos. Los murciélagos me dan un miedo espantoso. Me escondí detrás de una silla, castañeteándome los dientes. Apenas me había arrodillado, cuando un gran ruido procedente de la puerta sofocó el batir de alas. Entró mi madre, pálida de furia.
-Acabábamos de sentarnos a la mesa -dijo-, cuando el ser ese que ha ocupado tu sitio se ha levantado gritando: "Con que mi olor es un poco fuerte, ¿eh? Pues no como pasteles." A continuación se ha arrancado la cara y se la ha comido. Después ha dado un gran salto y ha desaparecido por la ventana 

sábado, 29 de octubre de 2011

Aquí se celebra la perpetua para Astiz y cia. con música de la época

Somos

testigos desesperados del desgaste de las palabras, de su inversión de significados, de su caída al vacío. La bella triada "igualdad, fraternidad y libertad" sólo se pronuncia con ironía y escepticismo francés, la palabra solidaridad despierta sospechas si la rodean África, Haití o  la desgracia que toque. Desde principios de este siglo reivindicativo los publicistas intentan echar mano de la revolución para vender telefonía o créditos bancarios. Sabemos que para vivir la mayoría debe trabajar, pero a la palabra trabajador se la intenta tachar de demodé, ni que hablar de obrero o compañero, estigmatizadas por haber sido demasiado utilizadas  por traidores. Ahora vienen por el amor y la fuerza

El infierno tan temido

Ha llegado el momento de mudarme y enfrentarme cara a cara con el monstruo de mi biblioteca.

Duck Sauce - Big Bad Wolf [OFFICIAL]


Tesoros de http://linkillo.blogspot.com/

viernes, 21 de octubre de 2011

Internacional

Se me ocurre que a partir de lo de Gilad el judaísmo podría replantear el tema ese de no creer en la resurrección y me gustaría seguir pensando en el mundo y en la cantidad de cosas increíbles que pasan como la muerte de un dictador y la de ETA el mismo día, pero me tengo que ir otra vez . El domingo hay elecciones en uno de los dos únicos países en los que puedo votar, (ya que donde vivo, trabajo y cotizo estoy proscrita como todos los inmigrantes). En uno la Mafia manda por tradición cultural y en el otro parece que volverá a ganar el domingo, por lo tanto nos quedan cuatro años más de persecución a los disientes, cristalizada con los 5.000 activistas procesados y el festival chillón de pensamiento único. Felicidades mis paisanos.

lunes, 17 de octubre de 2011

de regreso a Octubre

Parece que tendría que estar saliendo antes de las nueve para llegar con el autobus a las nueve y media y no nueve y treinta y tres cuando ya están todos sentados y tengo que entrar y decir "Bon jour" en voz alta. Lo demás perfecto, el miércoles vuelvo. El viaje en bicicleta de vuelta me gustó, aunque tengo que encontrar más carriles de bicicleta porque ciertas intersecciones, un loco. Ahora vendría la parte en que me ocupo de los mails y resolver la vida académica antes de dedicarme completamente a eso que te dije tan importante. Hoy es el primer día de trabajo después de tremendo viaje avec mon amour. Saldré viva otra vez. Esta noche soy tia.

domingo, 16 de octubre de 2011

meditación

Cuando veo a mis correligionarias alienadas en el brete de buscar con quién aparearse, llorando patéticas en los desiertos del desamor, el corazón se me hace un nudo de pena y vergüenza ajena y agradezco no tener que arrastrarme como una lagarta en la cacería de chorbos por los caminos del cansancio y el desencanto. Castigada por el espectáculo triste que ofrecen grandes valores de mi generación, me repliego a meditar sobre la fortuna de haber sufrido tanto como para amar sólo lo que el viento de la Historia me puso al lado: la misteriosa, sorprendente e inesperda realidad.

domingo, 28 de agosto de 2011

de acuerdo en todo menos en lo fundamental

las enseñanzas de un soldadito llorón

On perd la plus grande partie de la jouvenesse a coups de maladresses. Il était evidente qu’elle allait m’abandouner mon aimée tout à fait et bien tôt. Je n’avais pas encore appris qu’il existe deux humanités très diferentes, celle des riches et celle des pauvres. Il m’a fallu, comme à tant d’autres vingt annéss et la guerre, pour apprendre à metenir dan ma catégorie, à demander le prix des choses et des êtres avant d’y toucher et surtout avant d’y tenir.

F. Celine

la bolche vita

el Ruso y yo pegábamos carteles en las estaciones del Oeste. Sobran los motivos para volver a despuntar el vicio. Aquí estamos y no nos vamos.

Un típico perro chino

Justos por pecadores

No sería la primera vez que las cuentas cierran tan mal, y tampoco la última, así que de momento la alternativa puede ser gambetear la rabia en la piscina, sesenta largos como mínimo para comenzar a respirar con normalidad.

En la trinchera del sol

Me despierto a las cinco de la mañana del domingo,
me gustaría seguir durmiendo,
pero un moscardón se golpea contra los cristales del cráneo.

sábado, 27 de agosto de 2011

Por la tarde

Estábamos tirados a la sombra, descansando en la Ciutadella, junto con otra gente dispersa, sin molestarnos, cuando vimos aparecer un pibe con rastas y unas clavas en la mochila, que se abrazó al árbol y le dijo ¿cómo estás? estuvo un rato así, con la cabeza apoyada en el tronco, escuchando y charlando, después lo saludó y se fue corriendo. La verdad es que el árbol era un bicho precioso, en total conté once personas que disfrutamos de su sombra en las cuatro horas que pasamos leyendo, durmiendo la siesta, escuchando radio con auriculares, almorzando y haciéndonos coquillas con un palito, pero la copa era tan amplia que no llegué a escuchar ninguna conversación más que la del guachín con la bella bestia verde que nos protegía de calor de Agosto. Al rato sentimos que venía una mina de tatuajes y pelo corto platinado cantando y hablando de la vida a los gritos con cuatro perros, pasaron rápido así que no llegaron las confidencias, además los perros iban a su bola y sin demasiada alaraca pasaban de ella por lo que la aparición fue como un rayo rubio que vimos correr loco entre los árboles. Y otro que anduvo por la zona fue un dulce imberbe recitando “caminante son tus huellas como estelas en la mar” que cuando me vio levantar la cabeza del libro se calló avergonzado y escondió la cara tras la correa de la mochila. Está visto en carne propia: la naturaleza pone, amigos.