domingo, 28 de agosto de 2011
las enseñanzas de un soldadito llorón
On perd la plus grande partie de la jouvenesse a coups de maladresses. Il était evidente qu’elle allait m’abandouner mon aimée tout à fait et bien tôt. Je n’avais pas encore appris qu’il existe deux humanités très diferentes, celle des riches et celle des pauvres. Il m’a fallu, comme à tant d’autres vingt annéss et la guerre, pour apprendre à metenir dan ma catégorie, à demander le prix des choses et des êtres avant d’y toucher et surtout avant d’y tenir.
F. Celine
la bolche vita
el Ruso y yo pegábamos carteles en las estaciones del Oeste. Sobran los motivos para volver a despuntar el vicio. Aquí estamos y no nos vamos.
Justos por pecadores
No sería la primera vez que las cuentas cierran tan mal, y tampoco la última, así que de momento la alternativa puede ser gambetear la rabia en la piscina, sesenta largos como mínimo para comenzar a respirar con normalidad.
En la trinchera del sol
Me despierto a las cinco de la mañana del domingo,
me gustaría seguir durmiendo,
pero un moscardón se golpea contra los cristales del cráneo.
me gustaría seguir durmiendo,
pero un moscardón se golpea contra los cristales del cráneo.
sábado, 27 de agosto de 2011
Por la tarde
Estábamos tirados a la sombra, descansando en la Ciutadella, junto con otra gente dispersa, sin molestarnos, cuando vimos aparecer un pibe con rastas y unas clavas en la mochila, que se abrazó al árbol y le dijo ¿cómo estás? estuvo un rato así, con la cabeza apoyada en el tronco, escuchando y charlando, después lo saludó y se fue corriendo. La verdad es que el árbol era un bicho precioso, en total conté once personas que disfrutamos de su sombra en las cuatro horas que pasamos leyendo, durmiendo la siesta, escuchando radio con auriculares, almorzando y haciéndonos coquillas con un palito, pero la copa era tan amplia que no llegué a escuchar ninguna conversación más que la del guachín con la bella bestia verde que nos protegía de calor de Agosto. Al rato sentimos que venía una mina de tatuajes y pelo corto platinado cantando y hablando de la vida a los gritos con cuatro perros, pasaron rápido así que no llegaron las confidencias, además los perros iban a su bola y sin demasiada alaraca pasaban de ella por lo que la aparición fue como un rayo rubio que vimos correr loco entre los árboles. Y otro que anduvo por la zona fue un dulce imberbe recitando “caminante son tus huellas como estelas en la mar” que cuando me vio levantar la cabeza del libro se calló avergonzado y escondió la cara tras la correa de la mochila. Está visto en carne propia: la naturaleza pone, amigos.
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