sábado, 29 de octubre de 2011

Somos

testigos desesperados del desgaste de las palabras, de su inversión de significados, de su caída al vacío. La bella triada "igualdad, fraternidad y libertad" sólo se pronuncia con ironía y escepticismo francés, la palabra solidaridad despierta sospechas si la rodean África, Haití o  la desgracia que toque. Desde principios de este siglo reivindicativo los publicistas intentan echar mano de la revolución para vender telefonía o créditos bancarios. Sabemos que para vivir la mayoría debe trabajar, pero a la palabra trabajador se la intenta tachar de demodé, ni que hablar de obrero o compañero, estigmatizadas por haber sido demasiado utilizadas  por traidores. Ahora vienen por el amor y la fuerza

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